Glamorama
Felipe Bianchi y "El Trovador del Gol" Alberto Jesús López en Nanning. IMAGEN: MEGA

El recuento de Felipe Bianchi y el espectacular rating de Mega en la China Cup

Autor: Carlos Zúñiga / 16 enero, 2017

La despedida de Nanning de Felipe Bianchi y el equipo de Mega fue inmejorable. Con el triunfo de La Roja en la primera China Cup y espectaculares 14,8 puntos de rating online promedio, con peak de 19, para la transmisión del partido contra Islandia, entre las 04.11 y las 06.56 de la mañana. Un gran resultado a tales horas que no se veía desde las peleas de Martín Vargas en los años ’80, algún Mundial y otros eventos deportivos.

China fue de locos para Bianchi. Viajes extensos, una cultura desconocida, un tráfico confuso y costumbres totalmente diferentes a las chilenas impresionaron al comentarista deportivo y al equipo del canal de Vicuña Mackenna, en medio de la cobertura.

Primero fueron las 29 horas de viaje desde Santiago, pasando por Estados Unidos, hacia Nanning, donde se jugó el torneo. Una ciudad de más de seis millones de habitantes ubicada en el sur del país, a 160 km de la frontera con Vietnam.

Hace unos días Bianchi, desde China, relató a Glamorama lo sorprendido que estaba con la cultura y las costumbres de la ciudad. Un ejemplo fue su visita al mercado. Allí quedó para adentro con las carnicerías de perros. Fue tanto que no se atrevió a comer este tipo de carne y prefirió apostar por la clásica comida rápida como McDonald’s.

Pero lo que más le llamó la atención fue el tráfico y los medios de transporte. Incluso casi lo atropellaron dos veces. “Las motos. Miles. Montones. Hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Nadie con casco. Con perros y guaguas arriba. Y silenciosas, porque son eléctricas. Todas. No contaminan nada ni meten ruido alguno. Claro que hay que estar muy atento, porque no se sienten venir. Es increíble el silencio en las calles repletas. Una sensación muy loca”, comentó.

Bianchi agregó que no salió a carretear por culpa del exigente trabajo. “Dormimos muy poco por el cambio de horario, el jet lag y el despacho para el central, que había que hacerlo a las 7 AM de acá. Aparte somos gente de bien”, contó.

Glamorama: «¿Cómo fue esta experiencia en China?»

Felipe Bianchi: «Notable. Ha cambiado una enormidad China en los últimos 20 años. Me tocó conocer el país en los noventa, por vacaciones, y recorrí Beijing, Shangai, Guilin, Hong Kong, Camtón entre otras ciudades. Y lo de ahora en realidad se parece muy poco. El salto fue brutal. Se ha modernizado y occidentalizado mucho… Lo que no sé si es bueno o malo»

¿Qué es lo más anecdótico, sorprendente y raro que vio en Nanning?

«Algo que me encantó: todas las motos, que son miles, muchos autos y muchos buses son eléctricos. Eso hace que casi no haya ruido en la calle. Un verdadero deleite. También la limpieza. No hay basura en las veredas ni rayados insufribles en los muros. Cultura, le llaman. Da envidia»

Nos contaron que casi lo atropellan, ¿es verdad?

«Por esto mismo de las motonetas silenciosas hay que tener mucho cuidado en las esquinas porque realmente no se sienten venir. Es como un zumbido muy bajito. Un par de veces, cruzando la calle casi salgo volando. Pero me salvó la vida el Trovador, que estaba a mi lado. Gracias, Alberto Jesús!»

También nos soplaron que no se atrevió a comer perro.

«No nos ofrecieron, más bien. Pero en el viaje anterior a China probé sopa de aleta de tiburón, carne de serpiente, carne de cocodrilo, carne de perro, sesos de mono. De todo. No tengo problemas gastronómicos ni culturales con eso. Pero los tiempos han cambiado y ya hay más restricciones, obviamente»

¿Ha sido uno de sus viajes más locos, por el contexto?

«Sobre todo por el cambio de hora. Nosotros estábamos terminando el día cuando ustedes allá recién lo comienzan. Ibamos adelantados. Vivíamos en el futuro. ¡Já! En todo caso es increíble la facilidad tecnológica con que podemos estar conectados hoy en día. Imagínate que para que llegase la señal de Mega a Chile, para las noticias o los partidos, debe irse por fibra óptica hasta Shangai, de ahí sube a un primer satélite que baja la imagen en Atlanta, Estados Unidos, luego vuelve a subir a un segundo satélite que da vueltas allá arriba y de ahí recién parte hasta Santiago. Y todo con un desfase mínimo de sólo… 4 segundos. ¡Cómo no va a ser notable!».