8 de abril de 2008
El tenor representará en Madrid, el próximo 26 de marzo, a Bajazet en la ópera Tamerlano de Händel.

Ni viviendo dos vidas Plácido Domingo podría cantar todo lo que le gustaría, y prueba de ello es que debuta como Bajazet en la ópera Tamerlano de Händel, el papel número 127 de su carrera, poco antes del lanzamiento de su nuevo disco, Pasión Española, dedicado a la copla.
En su camerino en el Teatro Real, coliseo de donde dice que apenas ha salido desde que llegó a principios de mes a su querida ciudad natal, Madrid, Plácido Domingo hace un hueco para hablar de estos proyectos, entre los ensayos y las horas de estudio para el estreno el 26 de marzo de Tamerlano.
"Nuestro cerebro trabaja una mínima parte de su capacidad. Siempre he dicho que con esa curiosidad mía y todas las obras que hay, necesitaría vivir dos vidas y aún así no podría cantar todo lo que quiero. Cada día tengo más entusiasmo; lo único es que me paso la vida como un estudiante de Universidad, con la partitura o el libro debajo del brazo", comenta el tenor.
Lleva casi 20 días de ensayo con esta producción que cuenta con la dirección escénica de Graham Vick, con el que ya había trabajado anteriormente, y con la batuta de Paul MacCreesh, especialista en música antigua con quien se encuentra por primera vez.
"La dificultad más grande de estas obras tan de conjunto es el recitativo; tienes que estar con todos los compañeros para prepararlo y es difícil de memorizar", afirma Plácido Domingo, quien encarna por primera vez el complejo papel de Bajazet en la ópera más dramática de Händel, que "se sale de los cánones del Barroco" por la trágica y larga escena de la muerte.
"En otra ópera, el personaje se hubiera ido cantando una romanza, y aquí hay una escena dramática que tiene que ver un poco con Otello", explica.
Domingo reconoce que, tras varias incursiones en el Barroco en su juventud, su carrera "se orilló" al repertorio italiano sobre todo con Verdi y Puccini, después al verismo, al repertorio francés, y luego hacia Mozart, Wagner y Tchaikovski.
"No había tenido tiempo de volver al Barroco, pero ahora he estado buscando papeles que sean adecuados a mis condiciones vocales, acudiendo a bibliotecas y estudiando, y me he encontrado con Ifigenia en Aulide, de Cristopher Gluck que ha cantado recientemente en Nueva York, con Tamerlano... Sigo con otras ideas, como El Retorno de Ulises u Orfeo", adelanta.
Y es que reconoce que nunca deja de buscar, porque "su vida es el escenario".
"Vivo en el teatro, amo el teatro. No salgo del teatro cuando estoy en el periodo de ensayos, es una vida que no la hurto, la heredo de mis padres", recuerda el hijo de Plácido Domingo y Pepita Embil, dos cantantes de zarzuela de quienes ha heredado también la pasión por el género lírico español.
Esta pasión no le impide amar también la copla, un género que recupera con su próximo disco, Pasión Española, cuyo lanzamiento está previsto en abril.
Asegura que el sello discográfico Deutsche Grammophon "se entusiasmó con la idea" y añade que "si no hubiera encontrado una compañía, lo hubiera hecho yo, porque me apetecía. Me gusta mucho".
El maestro ha reunido canciones de Manuel López-Quiroga, Manuel Font, Juan Mostazo o Antonio Alvarez Alonso, que van desde Ojos Verdes a El Día que yo Nací.
"Admiro a Miguel de Molina, Imperio Argentina, Juanita Reina... todos esos intérpretes increíbles de copla, que yo siempre canturreaba. Pensé que hay una generación o dos que no los han oído, y creo que España tiene ahora una juventud muy moderna pero que puede volver a sentir este género", dice el tenor madrileño.
El disco se ha grabado con la Orquesta de la Comunidad de Madrid bajo la batuta de Miguel Roa.
Atento y cordial, se siente apreciado por la prensa, sobre todo después de haber sido escogido como el mejor tenor de todos los tiempos por 16 críticos reunidos por la británica BBC Music Magazine.
A este respecto, comenta: "primero te ruboriza un poco. El mejor tenor de toda la Historia es mucho decir. Después te sonríes..., en mi lista tengo muchos por encima de mi".
EFE