Carolina Zúñiga cuenta los detalles del polémico vuelo y dice que sufrió "un trato denigrante y vejatorio"

En una declaración pública la periodista que fue detenida en el aeropuerto y dirigida a tribunales relata, paso a paso, lo sucedido en el viaje desde Madrid. Asegura que el comandante "me amenazó" y que vivió "una pesadilla".

Luego de dormir unas horas, la periodista Carolina Zúñiga se dio el tiempo para relatar, a través de una declaración pública, la "pesadilla" que vivió en el vuelo Iberia 6831 que la trajo a Santiago junto a sus hijos, de uno y cuatro años.

La ex Miss Chile se peleó a bordo con azafatas y con el comandante. Al arribar a Santiago pasó la noche detenida en el aeropuerto Arturo Merino Benítez y luego fue conducida al Centro de Justicia para ser formalizada. Allí logró un acuerdo reparatorio, tras aceptar los cargos por agresión. Deberá pagar $ 50 mil a la Fundación Las Rosas y no puede acercarse al piloto del vuelo, José Angel Becerra Bello.

La declaracion de la ex reina de belleza es esta:

 

"Respecto de la situación en la que me vi involucrada con funcionarios del vuelo 6831 de Iberia, de Madrid a Santiago, y posteriormente con personal en el control de Aduana de Investigaciones de Chile, quiero aclarar a la opinión pública lo siguiente:

 

Lamento profundamente la manera como se vio afectada mi honra por un episodio totalmente sobredimensionado, en el cual se me discriminó como madre, y donde mis derechos como usuaria de una línea aérea fue 'espantosa' por la tripulación, y especialmente por su comandante, José Ángel Becerra Bello.

 

Viajé en compañía de mis dos hijos, uno de cuatro años y un lactante de sólo un año, viajando en clase turista, afectada además de un cuadro lumbar severo, con una hernia en mi columna, por lo cual debí ser atendida de urgencia en Madrid poco antes de embarcarme.

 

El vuelo salió desde Madrid con 2 horas aprox. de atraso, lo cual ya fue una incomodidad especialmente cuando se viaja con niños menores. Al querer subir mi equipaje de mano, pedí ayuda a la azafata pues el dolor a mi espalda me impedía levantar el bolso, cosa a la que ella no accedió.

 

Ya en vuelo pedí que me calentaran un biberón para mi hijo, a lo cual la azafata me respondió que debía esperar pues ella estaba ocupada, hasta que al final me entregó un biberón con agua 'hirviendo'.

 

Cuando mi hijito menor se durmió, lo protegí con almohadas y le pedí a mi hijo de 4 años que lo cuidara pues necesitaba urgente ir al baño. El baño de Bussiness quedaba sólo a 2 metros de mi asiento, por tanto, para no dejarlos solos tanto rato, opté por ocupar el baño más cercano. Al salir, la azafata me cerró el paso de muy malas formas, diciendo que me correspondía ir a los baños que quedan al final del avión.

 

Si bien es cierto, ocupé un baño que no correspondía a mi pasaje, creo que el poco criterio, y más que eso, la falta de sentido común, y lógicamente la falta de un buen servicio por parte de las azafatas, desencadenó la discusión en la que me vi involucrada, en donde nunca agredí físicamente a nadie; mi ofuscación fue en mi defensa como consumidora, exigir un buen servicio de Iberia y apaciguar el llanto de mis hijos, quienes se asustaron al ver el acoso hacia su madre, ya que el comandante y la jefa de cabina me acorralaron en mis asientos, ante lo cual les hice un gesto con mi mano y les pedí que se retiraran de inmediato de mi presencia y me dejaran tranquila.

 

Esta situación, al parecer, la tomó el comandante como un daño, como una amenaza, que no fue tal. Él se molestó porque le comenté 'en voz alta', y  delante de todos los pasajeros, las verdades y negligencias del pésimo servicio y atención al cliente/pasajeros que tiene la tripulación de Iberia, y la falta consideración, comprensión y respeto que tienen cuando una 'señora', madre de familia, viaja con sus niños.

 

El comandante se molestó porque le dije que su actitud como profesional era impresentable, que me vería en la obligación de denunciar a las autoridades de Iberia, su falta de profesionalismo y flojera de toda su tripulación; y que aprendan a tener 'buenos modales y buenas formas' porque no somos animales, somos personas que no estamos siendo tratadas como tal.

 

Es más, pagamos los tres, como corresponde un pasaje cada uno con todas las de la ley, es decir, mis dos hijos (pasaje completo uno, el 10% de un pasaje mi pequeño de 1 año y yo con Iberia Madrid-Santiago), por un servicio nefasto.

 

Ante todo esto que les comento, el comandante Becerra, increpándome desde mi asiento, me amenazó con que si yo seguía hablando tendría que aterrizar en Canarias, pues, según él, yo estaba poniendo el vuelo en peligro ante mis palabras. Lo curioso era que él no se preocupaba de las turbulencias ni de los problemas técnicos del vuelo, ya que se mantenía delante de mi asiento queriendo hablar conmigo y no se retiraba a su lugar de trabajo.

 

Le respondí que hiciera lo que tuviera que hacer, que yo estaba hablando 'alto' en nombre de todas las mujeres y madres de familia que viajaban en ese momento con niños y que también necesitarían una atención deferente hacia ellas y hacia sus menores…

 

Finalmente, nunca aterrizó el avión en Canarias, tuvimos un vuelo directo con bastantes turbulencias, pero el resultado fue que sí me denunció a la policía de investigaciones, pero NO por lo que él dice que yo lo amenacé de muerte, sino porque le afirmé que era un pésimo funcionario en conjunto con sus azafatas, con cero psicología, sentido común, falta de criterio, apoyo al pasajero, etcétera, etcétera, etcétera.

 

Entre otras cosas, tampoco nadie de la tripulación ayudó a colocar el cinturón de seguridad a mi hijo de un año que llevaba en mis rodillas sentado, lo cual, para los padres que saben de este tema, el cinturón es especial y va unido al de los mayores. Y lo que es peor, nadie explicó al inicio del vuelo lo de los chalecos salvavidas en caso de emergencia.

 

Ellos jamás mencionaron la angustia e impotencia que me estaban ocasionando a mí y a mis niños. La verdad es que sentí que podría pasarme cualquier cosa peor y no tendría la ayuda de las personas a cargo del vuelo que se supone son las protectoras de los pasajeros.

 

En este revuelo apareció una pasajera muy gentil que iba 3 asientos tras el mío, que viendo toda esta agresión les pidió irse al comandante y a las azafatas para que me dejaran tranquila, quien me ofreció su ayuda para que yo pudiera descansar. A todo esto, un señor de Bussines me ofreció también dos de sus tres asientos para descansar con mis hijos, ya que esa cabina venia con solo unas 4 personas, ante lo cual le agradecí pero no acepté.

 

Aclaro que mi actitud fue la de levantar la voz por los cientos de usuarios de una línea conocida pero que tiene fama por los cientos de abusos referidos al poco profesionalismo ante cualquier tipo de pasajeros.

 

Lo que hice fue reclamar por el derecho de una pasajera, y más que eso, por una madre lesionada, que solicitó ayuda al viajar con dos niños menores de edad.

 

Lamento la actitud y descriterio del comandante de esta línea aérea, quien, cumpliendo su amenaza, dio aviso a la Policía de Investigaciones de Chile, cuyos funcionarios me esperaban a la bajada del avión; les pedí que, por supuesto, contaría todo lo sucedido pero sin mis hijos presentes, porque ya había sido demasiado acoso y molestia por parte de la tripulación.

 

Llamaron por celular a mi madre para que recogiera a mis niños, pues yo quedaría detenida. Posteriormente quisieron esposarme a lo cual me resistí pues no soy delincuente, y ante esto hubo forcejeos en los que lance puntapiés y los policías me dejaron las muñecas moradas por intentar colocarme las esposas.

 

Como podrán apreciar, la experiencia vivida en este anhelado viaje para disfrutar unos pocos días de vacaciones con mis padres e hijos, fue hasta hoy en la mañana una verdadera pesadilla. Creo que el trato denigrante y vejatorio valida el 'alzar la voz' cuando se trata de solicitar el buen servicio y hacer valer los derechos que tenemos cada uno como consumidores.

 

Nunca más quiero saber nada de Iberia, porque además del mal rato vivido y daños morales ocasionados a mis pequeños, el coche de paseo de mis niños llegó, nada más y nada menos, que en mal estado, sin ruedas. Le pregunté de este hecho al mismo comandante y azafatas que me miraban a la salida del avión y no tuvieron respuesta alguna, como siempre…

 

Es una desilusión ante esta compañía internacional que no tiene nombre.  Y una vergüenza el cómo operan y cómo trabajan de manera tan, pero tan poco profesional.

 

Quiero terminar, y darles las gracias a la prensa por todo el apoyo manifestado, además de quienes me han llamado por teléfono,  amigos, familiares y quienes, de verdad, entienden lo que he vivido.

 

Y dejando en claro que SIEMPRE como mujer y madre protegeré, por “sobre todo”, a mi famili,a que son mis hijos, mi marido, mis padres, mis hermanas y  mi sobrina. Y por lo mismo, NUNCA MÁS, permitiré, “por mis hijos”, que nadie siga burlándose de mí y atente contra mi honra, por tres errores televisivos que cometí en alguna oportunidad, cuando trabajé en mi profesión de periodista en Chile.

Muchas gracias, Carolina Zúñiga.


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